La aparición de internet y las nuevas tecnologías han cambiado nuestras vidas en un periodo muy corto. Así como estas nuevas tecnologías han traído cosas muy positivas a nuestras vidas, como la democratización del acceso a la información o posibilidades para conectar con personas, aunque estén a miles de kilómetros de nosotros, también ha generado importantes desafíos especialmente en el ámbito de nuestra salud mental. 

Siempre conectados 

Una de las características más destacadas de esta era digital es la hiperconectividad. Siempre conectados. Las redes sociales, el teléfono móvil, el correo electrónico o las aplicaciones de mensajería nos permiten tener acceso a posibilidades de comunicación ininterrumpidas que, aunque puede parecer una ventaja, también puede ser fuente de ansiedad estrés.  

La presión por estar siempre disponible, incluso en periodos de descanso y vacacionales, puede llegar a ser desbordante y puede llegar a generarnos estrés y ansiedad. Afortunadamente algunos países están empezando a regular nuestro derecho a la desconexión digital y son muchas las empresas y organizaciones que han decidido regular el derecho a la desconexión de sus empleados. 

 A veces también, aunque ante nosotros se abra la posibilidad de desconectar realmente de esos dispositivos, somos nosotros quienes tenemos dificultades para hacerlo. Los teléfonos móviles se han convertido en una extensión de nosotros mismos que posibilita el acceso no solo al trabajo sino también a familiares, amigos, conocidos. Se ha convertido, también en un medio de entretenimiento con acceso permanente a aplicaciones, redes sociales, juegos, etcétera.  

El diseño de las aplicaciones y las redes sociales está cada vez más optimizado para captar y mantener (secuestrar) nuestra atención. La liberación de dopamina en nuestro cerebro cuando recibimos una notificación o vemos algo interesante en línea puede crear una sensación de recompensa y placer. La dopamina está involucrada en la formación de hábitos. Cuando una actividad o conducta se asocia repetidamente con la liberación de este neurotransmisor, el cerebro comienza a anticipar esta recompensa. Con el tiempo, estas actividades se convierten en hábitos automáticos que pueden ser difíciles de cambiar. Ahí está la razón de la adicción a las redes sociales y al móvil. 

Otra de las consecuencias de esa conectividad permanente es que genera expectativas de respuesta inmediatas. Es curioso como empezamos a sobrepensar cuando alguien importante para nosotros tarda más de ciertas horas o minutos en contestar al mensaje que le hemos enviado por WhatsApp. Si a su vez nosotros sentimos la presión de esas expectativas de respuesta inmediata, puede que suframos las consecuencias en forma de agotamiento y sobrecarga. 

La sobreexposición a redes sociales 

Nuestra sobreexposición en las redes sociales y el consumo de contenido en esas redes también puede afectar negativamente a nuestra autoestima y autopercepción. Existe una clara tendencia en redes sociales a ofrecer una versión idealizada de la persona y las comparaciones que realizamos con esas vidas idealizadas puede inducir en nosotros un cierto sentido de no ser suficientes que incluso puede llevarnos a sufrir ansiedad o depresión.  

Al mismo tiempo, el ofrecer siempre una versión idealizada y perfecta de uno mismo es una presión que, a veces se puede tornar insostenible y agotadora por el estrés que supone mantener la imagen perfecta. Es algo que nos aleja de nuestra autenticidad y que, por tanto, nos imposibilita establecer relaciones con otras personas pudiéndonos generar una sensación profunda de soledad y aislamiento. 

El ciberacoso es otro problema grave que ha surgido en la era digital. La facilidad con la que se pueden enviar mensajes anónimos o dañinos ha hecho que el acoso a través de redes sociales sea una realidad para muchas personas, especialmente para los jóvenes. El ciberacoso puede tener consecuencias absolutamente devastadoras para nuestra salud mental, incluyendo depresión, ansiedad y, en casos más extremos, pensamientos suicidas. 

A la vez, el uso excesivo de las redes sociales puede llevar a una mayor ansiedad social. La falta de contacto físico y la naturaleza superficial de muchas de estas interacciones pueden contribuir a sentimientos de soledad y aislamiento. 

El exceso de información 

Otra de las consecuencias de esta era digital es el sobreexceso de información al que tenemos acceso, algo que puede resultar absolutamente abrumador y que puede afectar a nuestra capacidad de atención y dificultar los procesos de toma de decisiones, ¿has oído alguna vez esa frase que dice “parálisis por análisis”?, esto es lo que pasa cuando tenemos un exceso de información. Si a esto le añadimos las dificultades que encontramos ahora para discernir entre fuentes fiables de información y fuentes fake, la parálisis puede ser aún mayor. Esta dificultad para tomar decisiones puede aumentar nuestros niveles de estrés y de ansiedad. 

El impacto sobre nuestra atención 

La omnipresencia de los teléfonos móviles está teniendo un impacto directo sobre nuestra capacidad de mantener la atención y usarla de una manera deliberada. La constante interrupción de las notificaciones móviles puede fragmentar la atención y dificultar nuestra concentración en tareas importantes. Cada vez que recibimos una notificación, nuestro cerebro se distrae, y puede llevar varios minutos recuperar la concentración completa. 

Por otro lado, investigaciones recientes han podido demostrar como la llamada multitarea tiene un impacto negativo sobre nuestra concentración, productividad y calidad del trabajo que realizamos. El tiempo y la energía mental necesarios para cambiar de una tarea a otra, incluso si las interrupciones son breves, requiere un esfuerzo cognitivo importante. 

Cuando se deja una tarea, el cerebro debe «desengancharse» de ella, lo que implica dejar de lado los pensamientos y procesos relacionados con esa tarea para luego ajustar su enfoque al nuevo contexto o tarea. Este cambio de contexto puede implicar recordar detalles, reglas o procedimientos relevantes para la nueva tarea. Finalmente, el cerebro debe «reengancharse» en la nueva tarea, lo que incluye iniciar procesos de pensamiento y actividades relevantes. Cada uno de estos pasos consume tiempo y energía mental, lo que contribuye a lo que se ha denominado “coste de cambio”. 

Este “coste de cambio” se manifiesta de varias maneras en nuestra vida diaria y laboral. Cambiar entre tareas puede parecer rápido, pero las interrupciones frecuentes pueden acumularse, resultando en una pérdida significativa de tiempo productivo. La calidad del trabajo puede disminuir debido a la falta de atención sostenida y al incremento de errores cuando se cambia de tarea con frecuencia. Las interrupciones constantes y la necesidad de reorientar la atención pueden aumentar los niveles de estrés y ansiedad. 

En este contexto digital que impacta directamente sobre nuestra salud mental, la importancia del autocuidado y el desarrollo de estrategias de afrontamiento se presenta como algo realmente necesario.  

Establecer límites digitales y mantenerlos, fomentar la actividad física y las relaciones personales físicas y reales, practicar la atención plena, promover un uso más consciente de las redes sociales y buscar apoyo profesional cuando se presente algún problema de adicción pueden ser buenas prácticas. Al adoptar estas prácticas, podemos mitigar los efectos negativos de la tecnología y promover un mayor bienestar en nosotros y en los que nos rodean.