Todo el mundo tiene cierto miedo al cambio, aunque no lo admita, pero esto es algo profundamente arraigado en la naturaleza del ser humano, que por sí mismo necesita que el mundo sea medianamente predecible para sentirse seguro.

Desde una perspectiva evolutiva, nuestra capacidad para predecir eventos futuros ha sido crucial para la supervivencia, ya que nos permite anticipar peligros y prepararnos de manera efectiva. Sin embargo, el cambio implica enfrentarse, en cierta medida, a lo impredecible, lo cual puede comprometer nuestra supervivencia (en algunos casos) y la seguridad; estos son el primer y segundo nivel de la pirámide de Maslow de las necesidades.Esta es la razón por la que tenemos esa resistencia o temor ante la incertidumbre (aunque no queramos reconocerlo).

Cuando nos enfrentamos a un proceso de cambio, experimentamos cierta sensación de pérdida de control debido a la falta de previsibilidad. Esta sensación puede ser especialmente perturbadora, en particular para algunas personas. La experiencia va más allá de nuestra capacidad de enfrentar lo desconocido y está directamente relacionada con el sentir que tenemos el control de nuestra propia vida o que la situación a la que nos enfrentamos está fuera de nuestro alcance. Esta sensación de pérdida de control se traduce a menudo en niveles elevados de ansiedad y estrés, pudiendo hacernos sentir especialmente vulnerables y expuestos, con un importante sentimiento de impotencia ante lo que está sucediendo.

El miedo al fracaso

El cambio conlleva nuevos desafíos y la posibilidad real de no ser capaces de afrontarlos de manera exitosa y eficiente, lo que genera inevitablemente un miedo al fracaso. Este miedo está relacionado no solo con nuestra capacidad de cumplir nuestras propias expectativas, sino también con las de cumplir las expectativas de los demás.

Aquí entran en juego no solo las presiones y expectativas sociales, sino también las del entorno familiar, pudiendo resonar con experiencias no resueltas de la infancia o con profundas lealtades que nos impiden dar pasos hacia ese cambio. También juega un papel importante en ese miedo nuestra propia imagen y autoconcepto cargada de creencias que pueden ser, en ocasiones, limitantes.

Cuando el miedo al fracaso ha sido uno de nuestros temas centrales en la vida, el perfeccionismo emerge como una forma de protección. Si lo hacemos perfecto, no hay posibilidad de fracasar, pero esto conlleva un estrés y una presión adicionales que en ocasiones es difícilo imposible de sostener. La perfección es una utopía irrealizable, y la persona siente que solo el éxito total y completo es aceptable: presión sobre presión. Hay veces, incluso, que ante el terror de fracasar simplemente abandonamos.

Impacto en la identidad

Algunos cambios significativos pueden, además, impactar directamente en nuestra identidad como personas. Pueden alterar la forma en que nos ven los demás, lo cual puede suponer un reto. Imagina, por ejemplo, a una directora de Marketing de una multinacional que, de repente, decide dedicarse a la restauración.

Este tipo de cambios puede alterar cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos ven los demás. Puede generar incertidumbre acerca de nuestra propia capacidad y valía, tanto personalmente como por parte de aquellos que nos han identificado como expertos en un campo y no en otro. Esto puede desencadenar o intensificar sentimientos profundamente asociados al síndrome del impostor.

Algunas estrategias para afrontar el miedo al cambio

Así que el miedo al cambio es una realidad, y hay diferentes estrategias que nos pueden ayudar a afrontarlo.

  • El primer paso es el de reconocer y aceptar el miedo como algo absolutamente humano y natural. Todos experimentamos miedo o inquietud ante la incertidumbre que supone el cambio.
  • Siempre que sea posible, podemos intentar enfrentar ese cambio de manera gradual, comenzando por pequeños pasos que nos ayuden a afianzar la confianza y la resiliencia que necesitamos.
  • Otro aspecto importante del proceso es ser conscientes de los aspectos positivos del cambio, de las oportunidades de crecimiento personal y de los aprendizajes que conlleva. Poner el foco en ellos y celebrar lo conseguido, no solo al final del proceso, sino también en cada paso intermedio, es una forma de honrar nuestro espíritu de superación y adaptación.
  • La utilización de técnicas de mindfulness o meditación, que nos ayuden a permanecer centrados y a reducir la ansiedad, también puede facilitar el proceso.
  • Y, por supuesto, un coach o terapeuta puede ser un excelente compañero de viaje en este proceso de cambio.

En última instancia, ese miedo al cambio es una oportunidad para nuestro crecimiento y desarrollo personal. El cambio y la superación del miedo a ese cambio, nos permite descubrir nuevas facetas de nosotros mismos y abrazar ese cambio como una parte natural y enriquecedora de la vida.