La teoría sistémica, originada en la biología y extendida a disciplinas como la psicología y la gestión empresarial, se centra en entender los sistemas como conjuntos de elementos interdependientes. En un entorno empresarial, esto implica ver a los equipos no solo como grupos de individuos, sino como entidades donde cada miembro y su interacción tienen un impacto significativo en el conjunto. La mirada sistémica no solo tiene en cuenta los elementos del sistema sino, también, la relación y lo que ocurre entre ellos, su impacto en el sistema (grupo) y en el resto de los sistemas a los que pertenece y aquellos con los que se inter-relaciona (clientes, partners, sociedad,…). 

En el panorama actual, todos hemos podido comprobar como las organizaciones se enfrentan a un entorno cada vez más complejo, menos predecible y más volátil. Esto requiere que las empresas sean más eficientes y adaptables para poder seguir siendo competitivas.  

La mirada sistémica es una forma de ver el mundo como un sistema de sistemas interconectados, en el que cada elemento y sistema tiene influencia sobre los demás. 

Esta forma de entender el mundo como un sistema de relaciones entre sistemas y miembros de sistemas, permite una mayor capacidad de adaptación al entorno cambiante. 

Adicionalmente, aplicar esta mirada a la gestión de equipos significa entender que los miembros del equipo no son individuos aislados, sino que forman parte de un todo. Por lo tanto, las acciones de un miembro del equipo pueden tener un impacto en los demás miembros del equipo, y en el equipo en su conjunto. 

Esta perspectiva permite ver más allá de las contribuciones individuales, entendiendo cómo las interacciones y relaciones entre miembros del equipo afectan al funcionamiento del propio equipo, y de la organización. Por ejemplo, permite entender cómo los conflictos no resueltos o una comunicación deficiente pueden desestabilizar la eficiencia del propio equipo e impactar en otros equipos y en la propia organización. 

La mirada sistémica permite arrojar luz sobre bloqueos, asuntos no resueltos y/o dinámicas disfuncionales que están actuando a nivel inconsciente sobre el equipo. La ausencia de esta mirada puede llevar a una gestión reactiva y aislada, donde los problemas se tratan de manera superficial y aislada sin abordar las causas subyacentes que pueden y suelen ser claramente sistémicas, o tener un cierto componente sistémico. 

Hablar de causas de origen sistémico en un equipo implica identificar factores que, aunque a menudo pasan inadvertidos, tienen un impacto significativo en el funcionamiento y la eficacia del equipo. Estos factores pueden ser internos (dentro del equipo) o externos (relacionados con el entorno organizacional). Por ejemplo: una intervención sistémica puede ayudar a desvelar que la cultura general de la organización puede estar en conflicto con algunos valores o prácticas de un equipo determinado, creando tensión y desmotivación; o que la causa de un bloqueo productivo tenga su origen en una lealtad oculta a un antiguo miembro del sistema. 

La mirada sistémica y las dinámicas en equipos

Profundizar en cómo la mirada sistémica puede ayudar a entender la dinámica de los equipos de trabajo implica explorar cómo este enfoque revela las interacciones, patrones y estructuras subyacentes que definen el funcionamiento de un equipo. La aplicación de esta mirada puede contribuir a: 

Identificar patrones de comportamiento en el equipo para mejorar la eficiencia y productividad. 

Los equipos, a menudo, desarrollan patrones de comportamiento como respuesta a estrés o conflicto. Comprender estos patrones y su origen, es clave para prevenir problemas recurrentes y mejorar la eficiencia y productividad del equipo.  

La mirada sistémica, además, permite observar cómo se comunican y reaccionan los miembros del equipo. Esto incluye el lenguaje no verbal, tono de comunicación y las dinámicas de poder. 

Comprender las dinámicas de rol

Además de los roles formales, en los equipos se forman roles implícitos (el cuidador, el crítico, el mediador, el líder en la sombra). La mirada sistémica ayuda a identificar esos roles y ver cómo están influyendo en la dinámica del propio equipo.  

Cada rol contribuye al funcionamiento del equipo, pero a su vez si es un rol que no está alineado con el lugar sistémico de la persona, puede generar tensiones. Comprender el rol, la causa del desempeño del rol y cómo se inter-relacionan unos con otros, puede contribuir a mejorar las relaciones en el equipo, la colaboración y el rendimiento. 

Gestionar procesos de cambio

Los equipos, como sistemas, buscan mantener un equilibrio. Esto puede llevar a ejercer una cierta resistencia al cambio, incluso cuando este cambio es necesario. La mirada sistémica, ayuda a identificar y abordar esas resistencias.  

Comprender cómo el equipo es capaz de mantener su equilibrio y los mecanismos que utiliza para ello, permite diseñar estrategias que introduzcan cambios de una manera mucho más efectiva y sostenible. 

Determinar la influencia del contexto organizacional

La cultura y estructura de la propia organización tiene un efecto significativo en la dinámica de los equipos. Una perspectiva sistémica considera estos factores para entender mejor las dinámicas internas del equipo.  

Así mismo, la interacción entre diferentes equipos dentro de la organización puede afectar al desempeño y al comportamiento del propio equipo. Arrojar luz sobre estas dinámicas y relaciones puede contribuir a mejorar el clima en el equipo, reducir los niveles de estrés y, en general, un mayor bienestar en el propio equipo. 

Fomentar la innovación y la creatividad

El reconocimiento de la diversidad de perspectivas, de las formas de relacionarse y de influenciarse mutuamente, y de las habilidades dentro del equipo, facilita la creación de sinergias que potencian la creatividad y la innovación. 

La aplicación de la mirada sistémica en la dinámica de los equipos de trabajo proporciona una comprensión profunda y holística que va más allá del análisis individual. Permite a los líderes y gerentes identificar los factores ocultos que impactan el rendimiento del equipo, desarrollar estrategias más efectivas para la gestión del cambio y fomentar un entorno de trabajo más colaborativo, innovador y adaptativo. Al abordar los desafíos y oportunidades desde esta perspectiva integral, los equipos pueden alcanzar un nivel de eficiencia y satisfacción mucho más elevado.