Siempre he pensado que las empresas que sobreviven al paso de los años lo consiguen porque llevan en su ADN una actitud de servicio o de utilidad para la sociedad (y sus consumidores). De hecho, creo que basar la razón de existir de una empresa en una «idea de negocio» es ponerle la misma fecha de caducidad a la empresa que a la idea en sí. En el momento en el que la idea pase de moda, se quede obsoleta o puedan aparecer cuestiones coyunturales; todo se puede ir al garete.

Recuerdo una historia que le oí contar a una persona a la que admiro muchísimo y que sigue por ahí. La historia de una compañía americana que se dedicaba a fabricar ruedas de carreta en la época en la que en Estados Unidos estaba construyendo sus primeros ferrocarriles. Durante esos años del auge de la construcción del ferrocarril vendieron más ruedas de carretas que nunca, ruedas que eran necesarias para transportar las traviesas, los raíles y los trabajadores del ferrocarril. Facturaron más que nunca y el negocio parecía que iba viento en popa. 

Paradójicamente, la construcción del ferrocarril finalizó y al poco tiempo la empresa desapareció. Esta empresa estaba puramente enfocada en fabricar ruedas de carreta, cuya demanda bajó drásticamente con el auge del ferrocarril. Existía porque tenía ruedas que fabricar, pero no tenía un “para qué” existir. Probablemente si la razón de existir de esta compañía hubiera sido, por ejemplo, “facilitar el transporte de mercancías o personas”, “contribuir al desarrollo económico de la región” u «ofrecer soluciones personalizadas de transporte a las personas”; otro gallo hubiera cantado. Porque, no tengo ninguna duda de que un propósito claro y bien definido contribuye a que tengas una brújula clara, un norte hacia dónde dirigirte en momentos como esos. 

Pero si, para una empresa u organización, tener un propósito es importante, en el caso de la empresa familiar creo que adquiere una relevancia fundamental: el propósito no solo contribuye al éxito comercial, a la atracción del talento, a la motivación, a la sostenibilidad de la empresa, etc.. Sino que también contribuye a la cohesión y el legado de la familia.  

Identidad, pertenencia y dirección

El propósito en una empresa familiar va más allá del mero beneficio económico y está profundamente arraigado en valores compartidos, tradiciones y visiones comunes de la familia. Cuando el propósito está alineado con esos valores, proporciona un terreno común que une a los miembros de la familia y a los empleados, y refuerza aún más el sentido de pertenencia.  En muchos casos, adicionalmente, el propósito está imbuido y nutrido por la propia historia de la familia. Un legado que inculca un sentido de orgullo y continuidad a sus miembros. Los miembros de la familia y los empleados no solo trabajan para el éxito presente, sino que también contribuyen a una narrativa mayor que abarca generaciones pasadas y futuras y que refuerza aún más su sentido de identidad dentro de la empresa. Este sentido de identidad refleja por qué la empresa hace lo hace y para qué aspira a contribuir al mundo. 

Un propósito claro proporciona una dirección estratégica coherente que ayuda a la empresa en tiempos de incertidumbre y de desafíos. Esto es algo que ya sabemos pero, en el caso de la empresa familiar, adquiere especial relevancia.  

En las empresas familiares, donde las decisiones pueden estar fuertemente influenciadas por las emociones y las relaciones personales, un propósito claro actúa como una brújula que guía la toma de decisiones estratégicas. Ayuda a asegurar que estas decisiones estén alineadas con el rumbo a largo plazo de la empresa, más allá de intereses individuales, tensiones en las relaciones o circunstancias momentáneas. 

En una empresa familiar conviven dos sistemas: el sistema familia y el sistema empresa y, en ocasiones, tensiones que surgen en el ámbito familiar son llevados al sistema empresarial.  Las dinámicas personales, familiares y profesionales están estrechamente entrelazadas en una empresa familiar, complicando aún más los conflictos. Un propósito claro juega un papel crucial en la resolución de estos, actuando como un punto de referencia común que puede guiar a los miembros a través de desacuerdos y tensiones. 

El propósito establece un marco común de referencia entre empleados y miembros de la familia que puede ayudar a centrar la discusión en torno a los objetivos y valores fundamentales de la empresa, en lugar de en diferencias personales o intereses individuales. Cuando las discusiones se centran en cómo mejor servir al propósito compartido, hay menos espacio para que las disputas personales influyan en las decisiones de negocio, lo que ayuda a mantener un ambiente de trabajo más profesional y respetuoso. 

Sostenibilidad a largo plazo, legado y sucesión 

El momento de la sucesión representa un punto crítico en la vida de la empresa familiar. Una etapa donde los valores, la visión y la misión deben transmitirse de manera coherente y efectiva para garantizar la continuidad y el éxito a largo plazo.  La empresa familiar nace de un único sistema familiar (el fundador) y, a medida que cada uno de los descendientes del fundador va creando su propio sistema familiar se van incorporando nuevas voces, intereses o valores.

Un propósito bien articulado encapsula los valores y la visión de la empresa familiar sirviendo como guía, facilitando la transición de liderazgo y asegurando que las nuevas generaciones comprendan y se comprometan con los principios fundacionales de la empresa preservando la integridad y la identidad de la empresa a lo largo del tiempo. Así, el propósito se convierte en parte del legado de la familia, trascendiendo la contribución individual de sus miembros. 

Cuando hablamos de sucesión en la empresa familiar, el propósito no es solo una declaración de intenciones sino el cimiento sobre el que se construye y transmite el legado. Proporciona claridad y dirección durante estos períodos de transición, asegura la continuidad de los valores y la visión, y ayuda a las nuevas generaciones a incorporarse a la empresa de manera que su contribución honre su historia y prepare el camino para un éxito sostenido. 

Es posible, también, que las nuevas generaciones tengan diferentes perspectivas y prioridades. El propósito es algo que, siempre, se puede revisitar, pero puede ayudar a alinear estas nuevas ideas con los objetivos fundamentales de la empresa, asegurando que la innovación y el cambio estratégico esté alineado con los valores y la misión de la empresa. 

A medida que pasa el tiempo, nuevos miembros de la familia van incorporándose a la empresa y el propósito puede reforzar su sentido de identidad y pertenencia ayudándoles a comprender su papel dentro de una narrativa más amplia de la empresa y motivándoles a contribuir de manera positiva y proactiva al legado familiar. 

El propósito es el alma de la empresa e infunde un sentido de identidad y pertenencia a todos y cada uno de sus miembros. Al estar arraigado en valores compartidos, tradiciones y una misión colectiva, contribuye a unir a los individuos en un esfuerzo común que va más allá del trabajo diario y crea un ambiente donde cada persona se siente parte integral de un legado más amplio y significativo que en el caso de la empresa familiar adquiere todavía más significado.