El trauma organizacional es el impacto emocional y psicológico colectivo que experimenta una organización debido a eventos disruptivos o estresantes (experiencias traumáticas). Estos eventos pueden afectar a las personas, los grupos, los equipos, la organización en su conjunto; y puede tener también un impacto directos sobre clientes, accionistas y proveedores. Esto es algo que vemos, muy a menudo, en las intervenciones sistémicas en organizaciones (constelaciones organizacionales)

Estos eventos pueden ser internos, como reestructuraciones abruptas, accidentes, conflictos laborales intensos o casos de acoso; o externos, como pandemias, crisis económicas o sectoriales, cambios tecnológicos y de paradigma, o desastres naturales.

El trauma organizacional puede ser tan sutil como perjudicial, afectando no solo al bienestar de las personas, sino también a la salud general de la organización.  

Características del trauma organizacional

Impacto colectivo: a diferencia del trauma individual, el trauma organizacional afecta a grupos de personas, creando un ambiente de estrés, miedo o incertidumbre compartidos.  

Alteración de la cultura organizacional: el trauma organizacional puede distorsionar la cultura de una empresa, afectando la moral, la comunicación y la eficiencia. Implica entrar en un estado de alerta y de supervivencia en el que se puede retornar a niveles de cultura corporativa ya trascendidos. Esto es algo muy frecuente, por ejemplo, en el caso de adquisiciones con un cierto grado de hostilidad. La adquisición genera miedo e incertidumbre y se produce una desconfianza hacia la nueva dirección. Los empleados suelen sentirse menos identificados con la empresa y se produce un aumento de la desconfianza y el aislamiento. La comunicación se vuelve más cerrada y jerárquica. 

Respuesta emocional prolongada: a menudo, el trauma organizacional puede dejar una huella duradera, afectando en la que los empleados interactúan y perciben su lugar de trabajo, tal y como hemos comentado antes. 

La manifestación del trauma organizacional puede verse influenciada por una serie de factores entre los que juegan un papel fundamental la naturaleza y la gravedad del evento traumático, las características de las personas y los grupos afectados y la propia respuesta de la organización al evento traumático. Las organizaciones que responden de una manera efectiva y diligente, al trauma, pueden ayudar a reducir su impacto negativo. 

Síntomas o manifestaciones del trauma organizacional 

El trauma organizacional puede manifestarse de formas sutiles, pero profundamente perjudiciales, no solo para la salud de los empleados, sino también para la viabilidad y la sostenibilidad de la propia organización. 

Uno de los primeros signos de trauma organizacional es un cambio notable en el ambiente laboral. Una organización que antes era vibrante e innovadora puede, por ejemplo, volverse sombría, rígida y tensa aniquilando cualquier atisbo de innovación. Las reuniones pueden volverse más silenciosas, los almuerzos grupales se reducen y las interacciones casuales alrededor de la máquina de café pueden hasta desaparecer por completo.  

Los empleados dentro de una organización traumatizada pueden exhibir, también, cambio de comportamientos significativos: la pasión y el compromiso pueden dar paso a la apatía y el retiro, la iniciativa y la creatividad pueden desaparecer ante el excesivo control para evitar así riesgos o cualquier acción que pueda llamar la atención. 

La comunicación sufre enormemente en un entorno traumatizado. La transparencia y el diálogo abierto pueden ser reemplazados por rumores y especulaciones. La comunicación sesgada puede hacer acto de presencia, titulares manipulativos y la aparición de temas “tabús” a evitar sobre los que no se puede comunicar, mencionar o simplemente conversar. Por ejemplo: la falta de comunicación sobre el futuro de una empresa puede conducir a la proliferación de rumores, algo que alimenta la ansiedad y la desconfianza entre el personal. El trauma puede intensificar los conflictos internos y deteriorar la comunicación efectiva entre los empleados y los niveles de gestión.  

La comunicación externa, también puede verse afectada debido al conservadurismo y a esa falta de transparencia mencionada anteriormente. Accionistas y clientes pueden sentirse desatendidos y pueden empezar a desarrollar una cierta desconfianza hacia una organización que ahora perciben como “diferente”, más opaca y menos auténtica. 

Otro claro indicador de trauma organizacional es una caída en el rendimiento y la productividad en su conjunto. Los proyectos se retrasan, los errores se vuelven más frecuentes y la calidad del trabajo disminuye. Esto se debe, muy a menudo, a la disminución del estado de ánimo, la confusión sobre la organización y la dirección de la misma y la falta de motivación. 

El trauma organizacional no solo afecta a la salud mental de las personas, manifestándose en estrés, ansiedad, estrés postraumático y depresión, sino también a la salud física. Dolores de cabeza, fatiga, dolores musculares y problemas digestivos suelen aparecer entre los síntomas desarrollados por empleados de una empresa traumatizada sometida a una alta tensión laboral. Esto se traduce en un aumento del absentismo laboral y la rotación del personal. 

La dificultad en la captación de talento puede ser otro síntoma de trauma organizacional. Aunque este problema puede tener múltiples causas, en el contexto del trauma organizacional hay factores que pueden hacer que atraer y retener a nuevos talentos sea especialmente desafiante.

Para mitigar los efectos del trauma es esencial una gestión sensible al trauma que aborde de manera proactiva las preocupaciones de los empleados y trabaje para preservar y adaptar los aspectos positivos de la cultura organizacional. 

El trauma organizacional es un problema complejo que requiere una respuesta multidimensional. No solo se trata de resolver la crisis de manera inmediata, sino de atender las necesidades emocionales y psicológicas del personal, y reconstruir una cultura organizacional saludable y resiliente. Una gestión efectiva del trauma organizacional implica reconocer estos signos y actuar de manera proactiva para abordar las causas subyacentes y fomentar la recuperación.